Hacía tiempo que no me entretenía tanto en el cine, ya no tanto por el argumento de una película, sino más bien por los aderezos que supuestamente la acompañaban. Me enfrentaba a una película que en su sinopsis se presentaba como una trama policiaca, con “serial killer” de por medio ambientada en el zenit de los años sesenta, basada en hechos reales consistentes en unas investigaciones que no llegaron a buen fin. “Zodiac“, la película a la que me refiero, dirigida por David Fincher (”El Club de la lucha”, “Seven”), consiguió que mis expectativas se vieran enseguida cubiertas, aunque todo sea dicho mis exigencias tampoco eran excesivamente elevadas.

Me conformaba con que apareciesen dos inspectores de policía al uso. Teniendo en cuenta que “Harry el Sucio” era una ficción basada en los hechos reales que narra la película, con las suelas de los zapatos de Clint Eastwood me contentaba. La pareja de detectives de la policía de San Francisco que intentan atrapar al asesino que se halla tras el apodo de Zodiac, formada por Dave Toschi (Mark Ruffalo) y Bill Armstrong (Anthony Edwards), visten igual que Harry Callaghan, montan en alargados y potentes coches automáticos, comen fast food y carecen de horarios, pero carecen de la carta blanca que Hollywood, en forma de Magnum 44 le entregó para imponer la Ley al “Sucio” sin que importase el estar fuera de ella.
El aire racional lo pone el protagonista que vertebra la película, un tipo que sin saber muy bien si por ego, por obsesión o simple sentido de la justicia, se enfrenta, ya no sólo al asesino en serie, sino a algo más jodido en el esquema organizativo de los Estados Unidos de Norteamérica: la burocracia y las competencias policiales entre los diversos Cuerpos locales y estatales que se reparten el país del tío Sam para regocijo del delincuente. El tipo se llama Robert Graysmith (Jake Gyllenhaal), un dibujante de un periódico que gracias a que se mete donde no le llaman y posiblemente por encontrarse ajeno al esquema judicial, consigue aproximarse a la verdad mucho más que los que deben por obligación.
Mi sorpresa ha sido cuando, tras ver la película, una vez en casa, al ponerme a buscar información sobre la misma, he descubierto que Internet se encuentra inundada de información sobre los asesinatos cometidos por el conocido con el sobrenombre de Zodiac y su principal sospechoso, Arthur Leigh Allen. El argumento se encarga de mostrarnos como en aquella época ya resultó desbordante la relación entre los medios de comunicación y la investigación oficial, cruzándose la delgada línea que separa la información del morbo y el afán de protagonismo, sin saber muy bien, al echar la vista atrás, si ello perjudicó o benefició a la investigación del caso. Resaltar como curiosidad la página zodiackiller.com, que aporta documentos de la investigación e incluso las recetas de cocina preferidas del anteriormente citado como principal sospechoso y ya fallecido, Leigh Allen. La ficción desborda a la realidad.

La película además de la trama principal toca entre otros, temas tan humanos como la perseverancia llevada al límite de la obsesión y como se enfrentan a ella los diferentes personajes, como Paul Avery, periodista de investigación en progresiva degradación, que encarna de una manera genial un actor que resuelve muy bien los papeles complicados, Robert Downey Jr.
Por cierto la banda sonora es genial. Para muestra un botón.
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Marvin Gaye - Inner City Blues (Make Me Wanna Holler)
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