
EJEMPLO NÚMERO DOS: Estudiantes femeninas de medicina, practicantes de la religión islámica rechazan cumplir las normas básicas de higiene, medidas simples que tienen por objeto acabar con las cientos de muertes por infecciones en hospitales británicos originadas por bacterias microbianas como el Estafilococo Aureus Resistente a Meticilina (SARM) o también conocido como “Superbug”. Concretamente se niegan a permanecer con sus antebrazos “desnudos”, alegando un argumento sorprendente para un occidental medio como yo: Permanecer remangada se considera presuntuoso y contrario ley islámica. ¿Qué prevalece, una sencilla regla de higiene o un absurdo mandato integrista religioso?. Creo que está claro y no merece más discursión. Es triste que no sean recíprocos los pasos que alguna parte de la sociedad occidental da hacia la integración, precisamente con medidas como la que puede observarse en la imagen. Consistía en un diseño para que algunas de las mujeres enfermas de cultura musulmana, se sintiesen más cómodas en los hospitales y no dejasen de ser tratadas de sus afecciones por motivos relacionados con sus barreras culturales y la vestimenta. Actitudes intolerantes como la comentada anteriormente dan pábulo a los ignorantes posicionados precisamente en la intolerancia, en la intolerancia xenófoba, sedienta de argumentos que justifiquen su egoísmo.
EJEMPLO NÚMERO TRES: La religión apostólica y romana tampoco se queda atrás. El Papa Benedicto XVI mantiene la tradición católica de ir unos cuantos pasitos tras la realidad que le rodea, manteniendo una actitud distante con la ciencia y sus postulados, haciendo afirmaciones tan paradójicas, viniendo de quien vienen, como que la ciencia evite “manipulaciones ideológicas“. El Pontífice destaca dos valores morales que hay que tener en el campo de la ciencia: “respeto incondicional del ser humano desde su concepción hasta la muerte” y el “respeto de la originalidad de la transmisión humana a través de los actos de los cónyuges“. Parece ser que en la primera afirmación (obvio la segunda), deja de lado a enfermos cuyas esperanzas se encuentran dependientes del estudio e investigación de células embrionarias, estudios que según Benedicto XVI “han infringido la barrera que tutela la dignidad humana“.
Por cierto, al Papa le gusta la Fanta. No todo iba a ser negativo…¿o sí?.
