Jun 152009

fichPues Lori Meyers, bien. Las Playas del Ebro, también. Pero como todo en este mundo, es mejorable. Lo de los Meyers es problema mío y es a uno le cuesta entrar en calor; lo de las playas puede que también, pero no estaría de más acercarlas a donde vive la gente. Autobuses y demás transporte público sería de agradecer, para evitar, en el mejor de los casos, grandes peregrinaciones hacia áreas habitadas. Por lo demás el sitio promete, aunque no me acaba de convencer las distancias excesivas al escenario, por muy mono que quede el artista rodeado de agua fluvial y los barbos aleteen ritmos bailables, ni la arena sobrante de construcciones paralizadas por la crisis. De todas maneras, como la cosa no está para ponerse exigente visto el panorama zaragozano para la música en directo, mejor será conformarse con lo que hay y ser agradecidos. Por cierto, alguno ya visualiza un festival musical urbano del corte del difunto Summercase de Barcelona.

Continuando con mis referencias al pasado Festival Internacional de Cine de Huesca, no me gustaría olvidarme de dos pelis. Empezaré por una de un director sueco Jens Jonsson, al que trajeron para, entre otras actividades, dar unas palabras introductorias de su obra, Ping-Pong Kingen (El rey del ping-pong). Al parecer, su experiencia en una sala de juegos y su contacto con un joven que dirigía, al más puro estilo pandillero juvenil, los torneos de ping-pong que allí se celebraban, le hicieron cambiar de manera radical la idea que rondaba su cabeza para contar la historia de su primer largometraje. El ping-pong,  un deporte de reglas estrictas que delimita físicamente a través de una mesa a los dos contrincantes, sirve de germen para posicionar a dos hermanos, dos realidades; la simetría se rompe por el extremo. Los adultos intentan alejar y proteger a los niños de la cruda realidad mediante la mentira, pero el paso del tiempo dificulta la obligada devolución de una verdad que les pertenece. Una Suecia rural, el frío, la nieve, ocultan complejos, crueldad y amor. Ingredientes para hacer sentir. Durante toda la película existe una aparente calma, obligada por el entorno, sin embargo esa quietud te hace sentirte incómodo, sabes que algo va a pasar, que de uno momento a otro algo grave va a ocurrir.

En mi particular festival, reducido a lo que cuento, no se abandonaron las historias difíciles y de emociones complicadas, pues con Wolke 9 (En el séptimo cielo), se rompieron muchas barreras. Un matrimonio feliz, un marido recién jubilado, una ama de casa que hace pequeños arreglos con su máquina de coser. Una vida en pareja tranquila que orienta su recta final sin aparentes grandes sobresaltos. Una historia sin transcendencia, si no fuese porque el guión se retuerce hasta llegar al extremo de la asfixia; misión ésta del teatro y del cine que no es otra que hacernos sentir y colocarnos ante el abismo, actuar como una especie de vacuna que nos ayude a alejarnos de la narcótica cotidianidad. Me pareció excepcional el trabajo de la cámara, los planos (sobretodo los primeros planos), que recogían los gestos de los personajes, facilitando la labor interpretativa consiguiendo unos personajes muy creíbles. Tras su visionado recomiendo irse a tomar unas cañas y compartir puntos de vista, ejercitar la empatía e intentar comprender a los personajes. ¿Qué haría uno en cada una de las situaciones?. Difíciles respuestas que con sólo buscarlas conseguiremos ser mejores, más maduros. También me quedo con la bonita esperanza de que hay sexo más allá de los sesenta.

Como nos hemos despojado de complejos (sobrepesos, sentimientos insanos, sexo sexagenario), pongo un clip de The Gossip, cuya solista, Beth Ditto, carece de ellos completamente… Aunque con esa voz, yo tampoco tendría ningún problema.