Ayer por la noche en el Pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza, vimos, oímos, escuchamos, sentimos, aplaudimos, nos emocionamos con uno de los mejores espectáculos musicales que se pueden disfrutar en la actualidad. Durante más de tres horas, Leonard Cohen y un excepcional grupo de músicos que le acompañaba interpretaron los grandes éxitos del excepcional cantante y poeta canadiense. Folk, country, soul, flamenco y jazz con un nivel dificil de igualar.
Puedo asegurar que de momento éste es uno de los mejores conciertos que he vivido. Ello puede resumirse en el icono que le acompaña en su gira: dos corazones entrelazados dando la apariencia de la estrella de David; una forma visual de representar el fin de una actuación musical, la unión de los corazones de los intérpretes que se hallan sobre un escenario y los que nos encontramos expectantes frente a aquellos. Creo que lo consiguió. Lástima que consciete de su edad, su despedida fuese más encaminada hacia a un adiós que a un hasta luego. Como él dijo, God bless you.







Conciertazo.
A saber qué paella se comería el otro día en Valencia para desmayarse….pobre!
Señor Olbaid: O cambia este post, o dejo de entrar en su blog.