Nov 282008

Acabo de terminar un libro que debí haber leído hace mucho tiempo. Seguramente mucha culpa de que eso fuese así pudo deberse a que la “recomendación” procediese de un profesor del instituto y que yo, a pesar de no llamarme Holden Caufield, como el protagonista del texto de J.D. Salinger, puede que sí me encontrase en ese estado interno propio de la adolescencia y sus años residuales, en los que todo es sospechoso de ser impuesto por el “enemigo” adulto. 

Pues bien, como muchos ya sospecharán “El guardian entre el centeno” es el libro que me he leído, acompañado de una impertinente sensación de culpa que aumentaba a medida que se desarrollaba la lectura, todo ello por no haber hecho caso a Doña Carajillos (nombre ficticio que va muy bien con sus gustos matutinos), mi profesora de literatura por aquellos maravillosos años. Menos mal que le hice caso en algunos otros y sí leí, por ejemplo, “La lluvia amarilla” de Julio Llamazares. Al hilo de esto úlimo, recuerdo como el escritor aragonés Ignacio Martínez de Pisón, debió de ser amablemente invitado a juntarse en el salón de actos del instituto con una buena manada de hormonados entre los que me encontraba, un planazo vamos, e hizo una de esas cosas que, al menos esa impresión me dió, no les apetece nada a los escritores y es someterse por temas promocionales a cuestiones, no ya sólo de los alumnos, sino de los profesores. Uno de éstos, crecido ante el autor, le expresó su parecer de la obra y le expuso, según su particular criterio, las reminiscencias cervantinas que allí había encontrado, ante tan magna elevación de su obra el escritor, con cara de sorpresa y sin cortarse ni un pelo, le espetó a la ya por ese instante nerviosa educadora “usted habrá visto en el libro cosas que al parecer yo no he alcanzado a descubrir“. Allí acabó el coloquio.

Volviendo al libro de Salinger, decir que lo he leído sin ninguna predisposición, con el único recuerdo de que era una obra imprescindible, de hecho hasta después de su lectura, no he sabido de sus vinculaciones con asesinos, ni su polémica por el lenguaje provocador y temática en la época en la que fue publicado (1951). Vamos, que me he enfrentado al mismo en una situación virginal, lo cual he agradecido a la hora de valorarlo en toda su extensión. De hecho hasta el final he dudado si el protagonista era un adolescente de familia acomodada con problemas o todo era una metáfora, fruto de un enfermo mental que se escapaba de psiquiátricos en lugar de colegios mayores. Puede que de todas maneras ni una ni otra visión estén tan alejadas, se nota claramente un trasfondo contextual propio de la época en el que fue escrito. La sombra de Freud y el psicoanálisis es alargada y en varios pasajes del libro, se nota que era una corriente de la psicología muy influyente en los EUA.

Lo que sí está claro es que Salinger representa muy bien esa turbulencia y caos que significa la adolescencia, una huída a ninguna parte en la que se mezclan sentimientos muchas veces enfrentados hacia un mismo objetivo, amores y odios, todo se eleva exponencialmente justo en un momento en el que uno considera que sus decisiones van a ser definitivas. Holden es capaz de valorar positivamente el libro “Memorias de África” de Isak Dinesen y mostrar un amor protector hacia su hermana pequeña Phoebe; en cambio, en muchos momentos su ello y sus impusos afloran, odiando todo lo que le rodea y enfrentándose él solo a ese mundo que le supera en mucha aspectos.

Me quedo con las dos últimas frases del libro: “No cuenten nunca nada a nadie. Si lo hacen, empezarán a echar de menos a todo el mundo“, y con la canción “Smoke Gets In Your Eyes“, que escucha mientras observa a su hermana Phoebe dar vueltas y vueltas en un carrusel, uno de los pocos momentos del libro en que Holden se muestra realmente feliz.

[audio:http://www.selective-service.net/downloads/2007/08/The%20Platters%20-%20Smoke%20Gets%20In%20Your%20Eyes.mp3]

El que no lo haya leído, puede hacerlo aquí.

2 Comentarios to “EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO”

  1. Demalapeor dice:

    “No cuenten nunca nada a nadie”
    Esto incluye no contar el final de un libro?

  2. Tristán dice:

    Me parece haber leído ese libro en la edad precisa, al menos para mí. Tuve la oportunidad de leerlo en inglés, porque -basicamente- no había ota versión disponible. La verdad es que para mí fue un descubrimiento, desde el primer párrafo hasta el final. Ya la empezada del libro fue como si Salinger me remeciera y me dijera que, en erealidad, no estaba leyendo un libro, sino de verdad oyendo a alguien. Claro, sentí esa conexión entre autor y lector que parece obviar el libro. El libro tiene momentos increíbles, por ejemplo, cuando Holden se hace el golpeado saliendo del asensor en forma exagerada… No podía creer lo que estaba leyendo. Es un libro que atrapa en su lectura, pero más importante, es un ejemplo más de la fuerza que puede llegar a tener la subjetividad en el arte, ese viento fresco a la existencia que sorpesivamente llega a través de -en este caso- un libro. Hay un relato de Salinger que se llama “Boca bonita, Verde mis ojos”. Recomendable. Gracias por tu comentario. Buen blog.

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