Pereza. Esa es la palabra que resume mi primera reacción ante la máquina. Luego, pongo a funcionar el bittorrent y descargo inmediatamente Sigur Rós, mi gran descubrimiento en Benicàssim. Tras “Með suð í eyrum við spilum endalaust“, que no tengo ni puta idea de lo que significa, que significa “con un zumbido en los oídos tocamos eternamente“, se esconde (y no quiero sonar a pseudocrítico musical), una de las mejores estructuras sonoras que jamás he escuchado. Recuerdo empezar sentado, bocadillo y cerveza en mano: una actitud despreciable provocada por el desconocimiento, era como observar un precioso atardecer mientras te cortas las uñas de los pies. Pero pronto me dí cuenta de que ahí arriba, en el escenario verde, se estaba a punto de gestar una de las mejores actuaciones que en mis siete años de FIB halla visto. La melodía es increíble, crean una atmósfera indescriptible, consiguiendo hacerte flotar en el sumun de la felicidad el tiempo que dura una canción. La voz es un instrumento más y se nota, la melodía es lo principal, Jónsi el vocalista usa en la mayor parte de los temas un dialecto inventado, el volenska. El comentario de uno de los componentes del grupo acerca del peculiar uso de la voz sirve como explicación: “…es que en los conciertos vemos gente cantando las canciones. Siempre nos preguntamos qué estarán cantando, si no saben lo que estamos diciendo… Es una prueba más de que lo verdaderamente importante no son las letras, sino la melodía“. Para noviembre vienen de nuevo a España, Barcelona y Madrid como siempre, será cuestión de plantearse una excursión, París es otra opción….
Ah!. Sol, playa, mar, música, neuropéptidos, Marta y amigos, buenos amigos. Besos a todos.

Sigur Rós - Fljotavik
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